Ser creativos no significa solo desarrollar expresiones artísticas, sino también pensar de manera flexible, conectar ideas y encontrar nuevas formas de abordar problemas cotidianos. La creatividad permite mirar una situación desde distintas perspectivas y generar respuestas originales frente a nuevos desafíos.
En el contexto educativo, esta habilidad ayuda a que niñas, niños y jóvenes desarrollen curiosidad, iniciativa y autonomía para aprender. Implica atreverse a preguntar, probar distintas alternativas, aprender del error y construir soluciones que respondan a necesidades reales de su entorno.
La innovación aparece cuando esas ideas se transforman en acciones concretas. No se trata solo de tener buenas ideas, sino de llevarlas a la práctica, mejorar procesos y proponer nuevas maneras de enseñar, aprender y convivir en la escuela.
Desde el rol docente, fomentar la creatividad y la innovación significa abrir espacios para la exploración, la experimentación y el pensamiento divergente. Enseñar esta competencia es acompañar procesos donde imaginar, probar, ajustar y volver a intentar también forman parte del aprendizaje significativo.
¿Cómo se cultiva en la escuela?
Con enfoques como Design Thinking, pensamiento STEAM, maker learning, desafíos abiertos y preguntas sin respuesta única. El aula se convierte en laboratorio de ideas: no se busca la respuesta correcta, sino muchas respuestas posibles, y se valora tanto el proceso como el producto.
FUENTE
OCDE (2022). PISA 2022 Creative Thinking Framework. París: OECD Publishing. La OCDE distingue procesos divergentes (generar ideas diversas y originales) y procesos convergentes (evaluar y mejorar ideas).