Hoy niñas, niños y jóvenes reciben información de manera constante desde múltiples fuentes: redes sociales, plataformas digitales, medios de comunicación y entornos escolares. Frente a este escenario, no basta con acceder a la información; es fundamental aprender a interpretarla, cuestionarla y utilizarla de manera consciente y responsable.
En el contexto educativo, esta habilidad permite que las y los estudiantes desarrollen autonomía intelectual, aprendan a distinguir entre hechos y opiniones, evalúen argumentos y construyan juicios propios a partir de evidencias. También favorece una participación más activa y comprometida frente a los desafíos de la vida cotidiana y la convivencia democrática.
El pensamiento crítico se fortalece cuando existe espacio para la duda, la pregunta y el diálogo. Contrastar distintas perspectivas, reconocer supuestos, revisar creencias y argumentar con fundamentos son parte esencial de este proceso.
Desde el rol docente, promover esta competencia significa generar experiencias donde el análisis, la reflexión y la curiosidad sean parte natural del aprendizaje. Enseñar a pensar críticamente no es entregar respuestas, sino acompañar a las y los estudiantes en la construcción de preguntas cada vez más profundas y significativas.
¿Cómo se cultiva en la escuela?
Con preguntas abiertas y genuinas, dilemas reales, rutinas de pensamiento visible, análisis crítico de medios y de contenidos generados por IA, y debates estructurados donde lo importante no es ganar, sino pensar mejor al terminar que al empezar.
FUENTES
UNESCO-UNEVOC. (s. f.). Critical thinking. TVETipedia Glossary. UNESCO-UNEVOC International Centre for Technical and Vocational Education and Training. https://unevoc.unesco.org/home/TVETipedia+Glossary/lang=en/show=term/term=critical+thinking
UNESCO International Bureau of Education. (2024). Critical thinking and generative artificial intelligence. UNESCO.