Niñas y matemática: estrategias para contribuir a cerrar la brecha de aprendizaje

Trayectorias educativas

La brecha de género en matemática, en desmedro de las niñas, volvió a reflejarse en el SIMCE 2025. La evidencia muestra que este fenómeno, que no es exclusivo de Chile, puede reducirse si se abordan algunas condiciones pedagógicas, culturales y organizacionales del aula. Conversamos con dos expertas para profundizar en las claves que permiten avanzar hacia una enseñanza de la matemática más equitativa.

Niñas y la matemática
Niña aprendiendo matemática junto a su profesora

Las brechas de aprendizaje en Lectura y Matemática volvieron a evidenciarse en la evaluación SIMCE 2025. Los resultados muestran una diferencia de género persistente a favor de las mujeres en Lectura y de los hombres en Matemática. No obstante, estas brechas no se manifiestan de la misma manera a lo largo de la trayectoria educativa, lo que abre la pregunta sobre cuándo y cómo se configuran estas diferencias.

En Lectura, la diferencia a favor de las mujeres es más pequeña en 4° básico y más amplia en 8° básico y II medio. Esto quiere decir que en los cursos superiores las niñas obtienen puntajes más altos que los hombres. Por el contrario, en Matemática, la ventaja masculina es más alta en 4° básico y luego se reduce; en otras palabras, la mayor brecha no aparece al final de la trayectoria, sino tempranamente.

Investigaciones desarrolladas por académicas del Instituto de Estudios Avanzados en Educación y del CIAE de la Universidad de Chile reflejan que, además de aparecer estas disparidades en el primer ciclo, se intensifican a lo largo del tiempo, lo que influye en las decisiones vocacionales, en las trayectorias académicas y, en consecuencia, en las oportunidades laborales.

Pero estas diferencias no se explican por características biológicas o individuales, sino por factores sociales, culturales e institucionales que moldean las experiencias y los resultados educativos de niñas y niños. Uno de esos factores es el desbalance en las interacciones dentro de la sala, lo que ocurre tanto en Chile como en otros países del mundo.  “Las interacciones en el aula no son neutras al género”, señala Lorena Ortega, investigadora del CIAE y académica del Instituto de Estudios Avanzados en Educación de la Universidad de Chile.

Lorena Ortega, académica IE e Investigadora CIAE de la Universidad de Chile.
Lorena Ortega, académica IE e Investigadora CIAE de la Universidad de Chile.

La académica sostiene que en diversos países se ha documentado que las y los docentes de matemática tienden a interactuar más con los niños, ofrecerles más oportunidades de participación, plantearles preguntas cognitivamente más desafiantes y entregarles mayor retroalimentación. Estudios recientes confirman este patrón en Chile con datos robustos: las niñas participan menos en las redes de interacción con sus profesores de matemática, incluso cuando tienen niveles de desempeño equivalentes (Espinoza & Taut, 2016; Ortega, Treviño & Gelber, 2021).

 

Sin embargo, esas diferencias no se observan en todos los contextos educativos, lo que sugiere que este fenómeno se puede evitar según las condiciones pedagógicas, culturales y organizacionales del aula, indica Ortega. Es decir, las comunidades educativas tienen espacio para contribuir a la reducción de esa brecha que afecta las trayectorias de las niñas. 
 

¿Cómo promover una participación más equitativa?

Existen diversas estrategias pedagógicas que abordan tanto la interacción directa como el diseño de las experiencias de aprendizaje. Monika Dockendorff, directora de Pedagogía Media en Matemática en la Facultad de Educación de la Universidad Diego Portales, destaca la distribución equitativa de las oportunidades de liderazgo, ya que es fundamental implementar roles rotativos en las actividades grupales para garantizar que niñas y niños asuman posiciones de liderazgo. “Una práctica específica consiste en organizar grupos cooperativos mixtos en los que se promueva explícitamente que las niñas asuman el papel de líderes en matemáticas”, apunta. 

Por otro lado, recomienda la integración de la tecnología y la robótica, puesto que “la implementación de actividades de programación y robótica educativa ayuda a las niñas a dominar lenguajes tradicionalmente masculinizados, lo que las posiciona como creadoras y líderes digitales”.

Asimismo, sugiere que, ante la ausencia de referentes femeninos en los libros de texto, las y los docentes puedan investigar y presentar figuras femeninas emblemáticas en áreas STEM para revalorizar su rol y ofrecerles modelos a seguir. En este plano, te recomendamos el sitio Inspiradoras STEM del Ministerio de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación, que cuenta con fichas de referentes femeninas en matemática.
 

Prácticas pedagógicas para abordar la ansiedad

Otro factor que incide en las experiencias de aprendizaje y en los resultados es la ansiedad académica. No se trata solo de nerviosismo, sino de una reacción emocional que puede bloquear el pensamiento, disminuir la confianza y llevar a evitar aquellas actividades que generan tensión o temor. Esto produce un efecto acumulativo, puesto que quienes experimentan ansiedad frente a la matemática tienden a practicarla menos, lo que termina reforzando el problema.

En esta línea, Lorena Ortega destaca un hallazgo consistente en la literatura: las niñas reportan mayores niveles de ansiedad matemática que los niños, incluso cuando obtienen resultados similares. “En términos generales, se sostiene que las niñas tienden a no alcanzar su máximo potencial de desempeño y a participar en menor medida en áreas STEM, en parte debido a los niveles más elevados de ansiedad matemática que presentan en comparación con los niños. Esto no se explica por habilidades reales, sino por factores como estereotipos de género, expectativas del entorno y experiencias tempranas”, afirma.
 

Monika Dockendorff, directora de Pedagogía Media en Matemática en la Facultad de Educación de la Universidad Diego Portales
Monika Dockendorff, directora de Pedagogía Media en Matemática en la Facultad de Educación de la Universidad Diego Portales

Por su parte, Monika Dockendorff explica que existen diversas prácticas pedagógicas diseñadas específicamente para reducir la ansiedad académica, que pueden aumentar la participación activa y mejorar la autopercepción y autoconfianza de las estudiantes. Una de ellas es la gamificación y el aprendizaje basado en el juego, que permite integrar desafíos lúdicos, premiar el esfuerzo y bajar el riesgo a equivocarse. Así, el aprendizaje resulta más motivador y se reduce la presión por obtener resultados inmediatos.

 

Otra práctica pedagógica es “humanizar la asignatura”, por ejemplo, usando el storytelling (narrativas), la música, el teatro e incluso las artes circenses para conectar el pensamiento lógico con la dimensión emocional y expresiva. Así, la matemática resulta más accesibles y menos intimidante. También, se pueden relacionar los problemas matemáticos con experiencias diarias y necesidades de la comunidad. “Al percibir la utilidad práctica de la materia, aumenta la motivación y el sentido de logro del alumnado”, subraya la académica.
 

Finalmente, Lorena Ortega añade que dar tiempo para pensar, reduciendo la presión de respuestas rápidas y normalizar el error como parte del aprendizaje, evitando castigos o exposición negativa, son prácticas que pueden ayudar a reducir la ansiedad y también a ampliar las oportunidades de aprendizaje y participación, especialmente para las niñas.

Avanzar hacia una enseñanza de la matemática más equitativa implica revisar prácticas, cuestionar estereotipos y generar entornos de aprendizaje seguros y motivadores. En este desafío, docentes y equipos educativos cumplen un rol clave en fortalecer la confianza y el interés de las estudiantes desde etapas tempranas. ¿Conocías algunas de estas estrategias? ¿Qué otras estás implementando en el aula? Te invitamos a compartir tu experiencia y seguir explorando recursos en Educarchile.
 

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educarchile
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