Joaquín Triandafilide, experto en neuroaprendizaje: "Debemos incorporar el error como herramienta"

Su diagnóstico sobre la neuroeducación en Chile:

Joaquín Triandafilide lleva más de una década aplicando la neurociencia a la educación y el liderazgo. Su diagnóstico sobre las aulas chilenas es directo: sabemos hablar de emociones, pero todavía no sabemos integrarlas con lo cognitivo. Y esa brecha tiene solución.

Joaquín Triandafilide, experto en neuroaprendizaje
Joaquín Triandafilide, experto en neuroaprendizaje

"Hay mucho de autodidacta en esto", admite Joaquín Triandafilide cuando habla de su camino hacia la neuroeducación. Partió como profesor de inglés, pasó por la neurolingüística en su posgrado en la Universidad de Chile, se formó con referentes internacionales como David Sousa y Tracy Tokuhama-Espinosa, y completó su especialización en Central Queensland University, en Australia.

Hoy es director de la Asociación Chilena de Neuroaprendizaje (Achnap), cofundador de la Fundación Social Watson y autor de Cerebro con Kétchup, una guía práctica basada en neurociencia para fortalecer el liderazgo, la comunicación y el trabajo en equipo.

En esta entrevista entrega su diagnóstico sobre la neuroeducación en Chile, explica por qué integrar emoción y cognición sigue siendo la gran asignatura pendiente del sistema escolar, y comparte consejos concretos para docentes que quieren dar el primer paso hacia una práctica pedagógica basada en cómo funciona realmente el cerebro.

  • ¿Cómo llegaste a la neurociencia y a especializarte en neuroeducación?

Terminé mi posgrado en la Universidad de Chile y ahí, dentro del posgrado, estaba el área de neurolingüística. Pero años más tarde me encontré con algunos programas, porque la neurociencia en los 2000 comienza de manera muy incipiente en Latinoamérica. Hice algunos cursos con David Sousa, Tracy Tokuhama-Espinosa, y finalmente, después del 2010, entré al Central Queensland University en Australia en un programa de formación más largo.

Hay mucho de autodidacta en esto, de base soy docente de inglés. La gente me dice: ‘¿tú estudias psicología?’ No. Después sí me especialicé con neurociencia, y además muchos programas aplicados. Y ahí he ido generando aprendizajes también. Cuando el profesional egresa, sale con una base, pero uno va formando su camino, va avanzando y va viendo puntos diferentes.

  • ¿Cómo se conecta la neurociencia con las metodologías aplicadas en el aula?

Nos estábamos dando cuenta en los programas que ofrecíamos que la gente no conectaba el qué hacer con la razón de fondo, el porqué. Entonces tuvimos que hacer más explícito eso. Empezamos a conectar programas aplicados, como por ejemplo un diplomado en ABP -Aprendizaje Basado en Proyectos- con neurociencia. Y ahí la gente empieza a darse cuenta: hay que hacer esto. La neurociencia entrega el porqué, el fundamento, el para qué, y las metodologías aplicadas nos entregan el qué.

  • ¿En qué punto está Chile hoy en la aplicación de la neurociencia en las aulas?

Ya hay una intención en los nuevos cambios curriculares: hay algunas intenciones esbozadas en relación a atender la diversidad en el aula, y en los marcos de formación docente ya aparece la neurociencia. Creo que se han dado algunos primeros pasos.

¿Hay una brecha todavía muy grande? Tenemos una brecha que tiene que ver con que sigue culturalmente el foco en el contenidismo. Nos interesa que el alumno sepa el contenido, pero nos está faltando todavía intencionar más lo que yo llamo lo que no se ve: estas capacidades mentales llamadas funciones ejecutivas. Eso no está intencionado en las prácticas docentes propiamente. Esa brecha se solucionaría si, en vez de solo enfocarnos en contenido, nos fuéramos más a procesos, a valorar la toma de decisiones, y a incorporar la reflexión. El futuro de la neurociencia educativa tiene mucho que ver también con la formación curricular de los nuevos docentes.

  • ¿Qué cambia concretamente en un aula cuando un docente empieza a entender cómo funciona el cerebro de sus estudiantes?

Hoy en día muchos docentes jóvenes trabajan con metodologías activas, que ponen el foco en el alumno y ya no en el profesor. ¿Pero qué cambia? Cambia la profundidad de la intención. Porque cuando sé para qué lo hago, mi intención es más sostenida en el tiempo y aprendo a repriorizar cuando corresponda.

  • ¿Qué rol juegan las emociones en el aprendizaje?

Se está hablando mucho de emociones, pero desconectado de lo cognitivo. En los últimos 30 años, modelos como el de Goleman o Gardner nos plantearon que la emoción era importante. Ya se instaló en la mesa eso. Ahora viene una etapa nueva en la que debemos hablar de lo que yo llamo inteligencia ejecutiva: la combinación, la integración de la inteligencia cognitiva con la inteligencia emocional. ¿Y eso dónde se da? En el cerebro. Tú nunca das una respuesta netamente emocional, siempre va a pasar a lo cognitivo. Y ese modelo, esa fórmula, es la que todavía nos falta desarrollar en educación.

  • ¿Qué tan preparados están los docentes chilenos para incorporar la neuroeducación en su práctica?

Ya hay programas de formación en neurociencia. Muchos docentes más jóvenes hoy en día son conscientes de que no pueden dejar de lado los estados anímicos del estudiante o las emociones. Entonces ya está preparado el suelo para eso. Ahora lo que tenemos que hacer es terminar de entender qué prácticas son las que puedo implementar para integrar emoción y cognición en las prácticas que sostengo.

  • ¿Qué tres ideas concretas pueden ayudar a aplicar la neuroeducación en la sala de clases?

Pensando en el modelo de funciones ejecutivas, yo separaría en dos tipos de consejos.
A nivel institucional: declarar las funciones ejecutivas -la capacidad de regulación, el visibilizar las emociones, la memoria, la flexibilidad cognitiva- como eje del proyecto educativo. No como una habilidad secundaria. Integrarlas también en evaluación, capacitar a los docentes con este tema y diseñar rutinas en común. Dentro de una escuela tienen que haber rutinas en común, un lenguaje compartido.

A nivel pedagógico, dentro del aula: pasar de clases centradas en contenido a clases que exijan planificación, toma de decisiones y reflexión en los estudiantes. E incorporar tiempos de pausa cognitiva, instancias de metacognición explícita, y algo muy importante: incorporar el error como herramienta.

¿Qué tengo que hacer como docente? Revisar las tres frases que dices al momento de encontrarte con el error del alumno. Porque la forma tradicional de referirnos al error es lo que llamamos mentalidad fija. Pero la mirada de hoy, con base en ciencia, es mentalidad de crecimiento. ¿Qué tres frases vas a usar en tu guion diario? Si yo no cambio el guion, no cambio mi forma de pensar. Si no cambio mi forma de pensar, no remuevo mis creencias tradicionales.

  • ¿Qué le dirías a un docente que todavía no conoce la neuroeducación y quiere dar su primer paso?

Deténgase y váyase un poquito hacia adentro. Piense en alguna oportunidad en que usted ha perdido en la vida -una oportunidad de crecimiento, una relación, un proyecto que se le ha caído- por no conocerse a sí mismo lo suficiente. La neurociencia me permite primero conocerme a mí mismo: cómo yo proceso la vida, cómo crezco. Y segundo, ayudar a otros. Si tú ya has pagado un costo personal, se te han caído cosas, personas, relaciones, oportunidades, ayuda a que a otros no les suceda. Y te vas a ayudar a ti mismo también, porque te estás conociendo a ti mismo.
 

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educarchile
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