La Neurociencia Educativa, nos permite indagar en cómo aprendemos, qué factores biológicos, emocionales y contextuales influyen en este proceso, y cómo estos mecanismos se manifiestan a lo largo de las distintas etapas del desarrollo. Este conocimiento es clave para avanzar hacia una educación de calidad e inclusiva y para la adaptación a desafíos educativos cada vez más complejos.
Educarchile fue una de las organizaciones colaboradoras del V Simposio sobre Neurociencia y Educación: Creatividad: ciencia, educación y cultura en diálogo organizado por Fundación Arrebol. En la instancia aprendimos que la creatividad es una habilidad que va más allá de crear o imaginar cosas novedosas y que se encuentra presente en todos los ámbitos del quehacer humano (y es uno de los factores base para la innovación).
En la actividad nos cuestionamos ¿cómo se puede despertar la creatividad? Justamente, la directora ejecutiva de Fundación Arrebol, Evelyn Cordero, se refirió a este tema, indicando que solemos asociar la creatividad con ideas originales o poco comunes. Sin embargo, ser creativo no es solo “pensar distinto”: también implica que esas ideas tengan sentido en un contexto determinado. Una idea creativa destaca porque es nueva, pero también porque es pertinente. No es lo mismo la creatividad en el arte —que invita a reflexionar y provocar emociones— que en la innovación, donde se espera que una idea resuelva un problema o responda a una necesidad concreta.
Crear implica ensayo y error. Aquí cobra especial importancia la mentalidad de crecimiento, que valora el proceso tanto como el resultado y nos anima a seguir intentando.
Al respecto, Eugenio Rodríguez, director del Programa de Doctorado en Neurociencia de la Pontificia Universidad Católica de Chile, destacó en su charla que el cerebro establece nuevas conexiones neuronales en la medida que vamos intentando, fallando, intentando de nuevo, así a lo largo de generaciones y generaciones.
Para fomentar la creatividad, permitan que sus estudiantes intenten y fallen, aliéntenlos a que intenten otra vez y que fallen, y así, infinitamente. El error no debe señalarse desde el castigo, si no, de una manera que posibilite un nuevo intento.
Creatividad y divergencia
Desde la educación, subrayó Evelyn, la creatividad se relaciona estrechamente con el llamado pensamiento divergente: la capacidad de explorar múltiples respuestas posibles frente a una pregunta o desafío. A diferencia del pensamiento convergente —que busca una única respuesta correcta—, el pensamiento divergente abre espacio a la imaginación y a nuevas combinaciones de ideas. No obstante, en muchos contextos escolares este tipo de pensamiento ha tenido poco espacio, privilegiando respuestas únicas y correctas por sobre la exploración.
Fomentar la creatividad en el aula no significa solo hacer preguntas abiertas, sino también crear ambientes que orienten y acompañen estos procesos. La creatividad necesita guía, tiempo y espacios seguros para probar sin miedo a equivocarse. Cuando esto ocurre, aprender se transforma en una experiencia más significativa, motivadora y profundamente humana.
¿Cómo se deja que las personas operen desde su condición básica creativa? Dejándolos ser, escuchando las preguntas de niñas, niños, jóvenes y adultos. Esto abre un espacio donde la creatividad se potencia y expresa.